2025 no ha sido un año cualquiera.
Ha sido un año de vértigo, de decisiones valientes y de mucho trabajo invisible.
Un año de días largos, agendas llenas, cafés a deshora y emociones que han ido siempre un paso por delante.
En julio nació En Clave de E.
No como una idea improvisada, sino como la consecuencia natural de muchos años de experiencia, dudas, aprendizaje y amor profundo por los eventos, la cultura y las personas que los hacen posibles.
Ponerle nombre, forma y voz a este proyecto ha sido uno de los actos más honestos que he hecho profesionalmente.
Este año he vuelto a sentir esa adrenalina que engancha.
La de los montajes eternos, los imprevistos que obligan a pensar rápido, los teatros llenos, los escenarios vacíos al final del día.
He trabajado en silencio muchas veces, sosteniendo procesos largos, proyectos confidenciales, producciones que exigían todo de mí… incluso cuando no había tiempo para contarlo.
He llorado al terminar eventos.
De alivio, de orgullo, de cansancio y de felicidad.
Porque quien trabaja en esto sabe que no todo se ve, pero todo se siente.
2025 también ha sido un año de personas.
De equipos generosos, de profesionales brillantes, de conversaciones que abren puertas y de proyectos que me han recordado por qué elegí este camino.
Ha sido un año de volver al teatro, al territorio, al vino, a la cultura hecha con sentido.
De confirmar que quiero seguir construyendo desde ahí: desde la emoción, la cercanía y el criterio.
Cierro este año con una gratitud inmensa.
Por quienes han confiado, por quienes han acompañado, por quienes han sumado.
Y también por todo lo que no salió como esperaba, porque me ha enseñado más de lo que parece.
2026 ya asoma.
Y no le pido prisa.
Le pido verdad, proyectos con alma y tiempo para seguir haciendo las cosas en clave de emoción.
Gracias, 2025.
Ha sido intenso.
Ha sido real.
Y ha valido la pena.